Hasta recién armando una valija, todo objeto contra la voluntad de H. Pregunta para qué llevar tanto, y yo replico por qué no. Nos divertimos mucho con mi hija lanzando ropa y riéndonos de la situación de corrida y alteración que suele producir un viaje. Apuntamos salir mañana a primera hora para la playa, nos esperan 700 km. al sur de la provincia.
¡Qué placer viajar! Me he propuesto este año buscar un trabajo que me permita hacerlo. Hoy me conformo con esta salida familiar que no deja de ser una aventura. Sí aventuro poder subir fotos para que conozcan el antiquísimo faro, el puerto, el océano (ya casi no es mar), las piedras y acantilados... ¡Qué ganas de llegar!
Intentaré transmitir la sensación de estar salada, cuando esté impregnada, me lanzo a contar.
Hasta Quequén.
P.D.: Los años me ayudan a estar más floja/loca a la hora de sacar ropa del placard. No tengo muy claro qué llevo, incluso allá hay alguna que otra cosa. Es parte de las vacaciones: despreocupación, reírse de todo, y evitar enojarse..., ¿lo lograré? Por las dudas, ja, ja, ji, ji!!! ¡¡Ya empezaron las vacas!!
miércoles, 20 de enero de 2010
martes, 19 de enero de 2010
Qué suerte que lo ví
Yendo y viniendo esta mañana, veo a un hombre en un moto a contra mano. Justo doblaba y pensé cuán chiflado estaba por andar así. Reparé más en él, y venía haciendo equilibrio pues tenía un enorme ramo de flores que casi no le permitía manejar el manubrio: envueltas en celofán con una base colorada impresionante (tanto que tardé más en ver las flores que el envoltorio...). Se me ocurrió que estaba haciendo reparto, pero preferí imaginarlo enamorado. Cruzando calles locamente haciendo honor a una de las mayores características del amor: lo irracional.
Seguí en el fulgor, pero no quise dejar afuera de diarialavida este chispazo. Cuántos se nos cruzarán por día y quizá ni reparamos. Entonces me acordé de una propuesta que leí en la revista Tigris: un calenadrio denominado 365 razones para vivir (en realidad lo son para levantarse cada mañana), cada día estaba dedicado a una. Averigué en la web y dí con el sitio más que recomendable de María Mullen (www.365razones.com.ar). Abrió la propuesta y la gente escribió sus razones personales.
Vale la pena darse una vuelta por el sitio, copio algunas como para tentarlos: “ Encontrarte con grandes amigos después de un tiempo y sentir que su abrazo sigue siendo igual ” , “ caminar descalza por el campo y bajo la lluvia ” , “ la sonrisa de mi hijo de 5 meses ” , “ viajar al colegio con papá ” , “soñar con ir a la India”, “ la sensación de haber logrado algo que tenías como imposible ” , “ gritar con el alma un gol de tu equipo y abrazarte con el melenudo de al lado ” , “ tirarse de bomba a la pileta ” , “ que te hagan reír en medio de lágrimas ” , “ bailar en un escenario ” , “ sonreír a un extraño ” , “ mirar fotos viejas ” , “ que te duela la panza de reírte ” , “ regalar algo y sorprender ” , “ aceptarte diferente a los demás ” , “que te hagan cosquillitas en el pelo ”, “ conocer a alguien en el día que no tenías ganas de salir ”.
Agrego algunas de las tantas, leí una que decía "cuando un abrazo dura más de lo esperado". Se me ocurre, "mirar a mis hijos cuando duermen", "en medio de un tumulto cruzar la mirada con H y saber que estamos conectados más allá de todo", "preparar valijas", "tener algo bueno por delante, antes que empiece", "el olor a café y tostadas", "mirar el cielo y desconectarse, aunque sea por un segundo, de TODO", "caer en la cuenta de qué es lo importante", "mojar los pies en el mar después de un año de mucho esfuerzo", "juntar piedritas con mis hijos", "reconocer que alguien tenía razón después de mucho tiempo", "que alguien de quien sopechábamos, nos sorprenda con mayor calidad humana que la nuestra", "decir finalmente la verdad", "enseñar algo", "aprender algo", "estar enganchada con un libro".
Bueno aflojo para que no se me queden dormidos. ¡Qué placer ver las fotos de María Mullen!, además de leerla.
Seguí en el fulgor, pero no quise dejar afuera de diarialavida este chispazo. Cuántos se nos cruzarán por día y quizá ni reparamos. Entonces me acordé de una propuesta que leí en la revista Tigris: un calenadrio denominado 365 razones para vivir (en realidad lo son para levantarse cada mañana), cada día estaba dedicado a una. Averigué en la web y dí con el sitio más que recomendable de María Mullen (www.365razones.com.ar). Abrió la propuesta y la gente escribió sus razones personales.
Vale la pena darse una vuelta por el sitio, copio algunas como para tentarlos: “ Encontrarte con grandes amigos después de un tiempo y sentir que su abrazo sigue siendo igual ” , “ caminar descalza por el campo y bajo la lluvia ” , “ la sonrisa de mi hijo de 5 meses ” , “ viajar al colegio con papá ” , “soñar con ir a la India”, “ la sensación de haber logrado algo que tenías como imposible ” , “ gritar con el alma un gol de tu equipo y abrazarte con el melenudo de al lado ” , “ tirarse de bomba a la pileta ” , “ que te hagan reír en medio de lágrimas ” , “ bailar en un escenario ” , “ sonreír a un extraño ” , “ mirar fotos viejas ” , “ que te duela la panza de reírte ” , “ regalar algo y sorprender ” , “ aceptarte diferente a los demás ” , “que te hagan cosquillitas en el pelo ”, “ conocer a alguien en el día que no tenías ganas de salir ”.
Agrego algunas de las tantas, leí una que decía "cuando un abrazo dura más de lo esperado". Se me ocurre, "mirar a mis hijos cuando duermen", "en medio de un tumulto cruzar la mirada con H y saber que estamos conectados más allá de todo", "preparar valijas", "tener algo bueno por delante, antes que empiece", "el olor a café y tostadas", "mirar el cielo y desconectarse, aunque sea por un segundo, de TODO", "caer en la cuenta de qué es lo importante", "mojar los pies en el mar después de un año de mucho esfuerzo", "juntar piedritas con mis hijos", "reconocer que alguien tenía razón después de mucho tiempo", "que alguien de quien sopechábamos, nos sorprenda con mayor calidad humana que la nuestra", "decir finalmente la verdad", "enseñar algo", "aprender algo", "estar enganchada con un libro".
Bueno aflojo para que no se me queden dormidos. ¡Qué placer ver las fotos de María Mullen!, además de leerla.
sábado, 16 de enero de 2010
Tres juegos
Hoy esperaba a alguien y me senté en el cordón de la vereda, cerré los ojos y dí la cara al sol. Era temprano, por eso no dolía (enero es fuerte en Bs.As) y lo disfruté. Imaginaba que quien venía por mí estaba en un jeep y nos íbamos a la playa, senación de vacaciones total, despreocupación, sin apuros, pensando en cómo estaría el mar..., hasta que me despertaron y el día siguió de lo más corriente.
Anoche intenté reproducir otro juego que hacía de pequeña, pero el cansancio adulto me llevó con Morfeo (1). En la oscuridad imaginar que la cama está en otro lado, dónde quedaría la puerta, la ventana, los muebles. Solía hacerlo en lugares no habituales, hasta que combiné: estando en mi cuarto imaginaba estar en otro y viceversa. Me encanta esta posibilidad, pensar todo en otro lado (hay que concentrarse mucho, para estar acomodado a ese lugar imaginario) y al abrir los ojos, "sentir" ese cambio, que no es otro que el desarrollado por la imaginación.
Último (por hoy). Cuando se viaja en ómnibus o en auto, al pasar por primera vez por un lugar, preferentemente distinto al que uno vive, imaginar. ¿Cómo sería vivir ahí? Que ese paisaje sea lo primero que uno ve al despertar, los olores que entrarían por la ventana de la casa, qué negocios y vecinos se frecuentarían. Siento a veces, que es la mejor manera de ponerse por un instante en pieles ajenas. Para una es habitual el propio entorno, la vista de las ventantas o el ruido ambiente. Pero ¿Cómo será convivir con el ruido permanente de una embotelladora?, o con el olor de un gallinero cercano, el ruido de una ruta, el polvo de la calle de tierra, los obuses de una guerra, el cantar de los pájaros en los árboles, los gritos de tortura, los olores de una buena cocinera o una fabrica de galletitas, por citar sólo algunas posiblidadades.
Dicen que el hombre es un animal de costumbre, a ciertas cosas es bueno habituarse. Pero otras, hacen que perdamos la humanidad, precisamente.
(1) En la mitología griega, es el Dios de los sueños. De su nombre proceden:
La palabra morfina, por sus propiedades para inducir al sueño
La expresión «estar en los brazos de Morfeo», que significa ‘soñar’ y por extensión ‘dormir’ o viceversa.
http://es.wikipedia.org/wiki/Morfeo
Anoche intenté reproducir otro juego que hacía de pequeña, pero el cansancio adulto me llevó con Morfeo (1). En la oscuridad imaginar que la cama está en otro lado, dónde quedaría la puerta, la ventana, los muebles. Solía hacerlo en lugares no habituales, hasta que combiné: estando en mi cuarto imaginaba estar en otro y viceversa. Me encanta esta posibilidad, pensar todo en otro lado (hay que concentrarse mucho, para estar acomodado a ese lugar imaginario) y al abrir los ojos, "sentir" ese cambio, que no es otro que el desarrollado por la imaginación.
Último (por hoy). Cuando se viaja en ómnibus o en auto, al pasar por primera vez por un lugar, preferentemente distinto al que uno vive, imaginar. ¿Cómo sería vivir ahí? Que ese paisaje sea lo primero que uno ve al despertar, los olores que entrarían por la ventana de la casa, qué negocios y vecinos se frecuentarían. Siento a veces, que es la mejor manera de ponerse por un instante en pieles ajenas. Para una es habitual el propio entorno, la vista de las ventantas o el ruido ambiente. Pero ¿Cómo será convivir con el ruido permanente de una embotelladora?, o con el olor de un gallinero cercano, el ruido de una ruta, el polvo de la calle de tierra, los obuses de una guerra, el cantar de los pájaros en los árboles, los gritos de tortura, los olores de una buena cocinera o una fabrica de galletitas, por citar sólo algunas posiblidadades.
Dicen que el hombre es un animal de costumbre, a ciertas cosas es bueno habituarse. Pero otras, hacen que perdamos la humanidad, precisamente.
(1) En la mitología griega, es el Dios de los sueños. De su nombre proceden:
La palabra morfina, por sus propiedades para inducir al sueño
La expresión «estar en los brazos de Morfeo», que significa ‘soñar’ y por extensión ‘dormir’ o viceversa.
http://es.wikipedia.org/wiki/Morfeo
viernes, 15 de enero de 2010
¿Cómo termina?
Cuando una película empieza mal, es muy raro que termine bien, salvo honrosas excepciones, en las que la paciencia se premia con una gran sorpresa. ¿Y en la vida? ¿Cómo sigue cuando empieza mal? Si es solitaria, desnutrida, olvidada, vulnerada, postergada, abusada, quebrada, enferma, injusta, húmeda, triste, abusada, amarga, carente de estímulo, pasión, AMOR, ¿Cómo sigue? Cuando un bebé nace en un ámbito de los mencionados, ¿Qué puede hacer para revertir ese destino de horror? ¿Podrá? Con inteligencia hoy alguien preguntaba si la pobreza absoluta es fruto de una decisión libre o la consecuencia de otra cosa. Si la persona en cuestión desaprovechó oportundiades o nunca las tuvo. Creo que las posibles respuestas nos ubican en un lugar u otro del arco de las ideas.
Evocación de la infancia
Manchas verdes de pasto en la rodilla del pantalón, caramelos y chupetines, pic nic en el techo de los vecinos, caminar por las paredes que dividen los jardines, tirar cosas desde la terraza, entrar a jardines ajenos por la noche, conocer casas abandonadas, rin raje, pactos de sangre, secretos secretísimos, alegrías mágicas, sorpresas de otro mundo, sueños y fantasías, impunidad total de palabras y acciones, esperar el besito en la cama antes de dormir, saber a quien recurrir ante el miedo, desprejuicio total, diversión asegurada, andar en bici, investigar y explorar, hacer bromas por teléfono, tomar helados, hacer manualidades, cocinar con mamá, abrir paquetes de regalos, usar el perfume de mamá o hermanas mayores, disfrazarse, jugar a las barbies, las muñecas, el mago Chan, el cerebro mágico, las payanas, el elástico, el quemado, al fútbol en la calle, saltar a la soga, hacer piruetas en el trampolín de la pileta, hablar y escuchar abajo del agua, mirar a escondidas la gente que pasa por la vereda, armar un kiosco y vender chucherías, inventar, conocer otras casas y costumbres, reencontrarse con las compañeras el primer día de clases, preparar las cosas para ese día, ir a buscar al abuelo a la estación del tren, ir al Italpark (parque de diversiones) con mi abuela, escuchar poesía y palabrotas de la otra abuela, esperar alguna sorpresa de papá (bananita dolca) al regreso del trabajo, las muñecas de trapo que hacía mamá...., no sigo para no aburrir, pero la enumeración no concluye.
¡Cúanta dicha haber tenido una linda infancia! Nunca faltarán los bemoles (de todos los colores e intensidades), pero tener cosas buenas en las que apoyarse, hacen una buena base para el vuelo alto.
Evocación de la infancia
Manchas verdes de pasto en la rodilla del pantalón, caramelos y chupetines, pic nic en el techo de los vecinos, caminar por las paredes que dividen los jardines, tirar cosas desde la terraza, entrar a jardines ajenos por la noche, conocer casas abandonadas, rin raje, pactos de sangre, secretos secretísimos, alegrías mágicas, sorpresas de otro mundo, sueños y fantasías, impunidad total de palabras y acciones, esperar el besito en la cama antes de dormir, saber a quien recurrir ante el miedo, desprejuicio total, diversión asegurada, andar en bici, investigar y explorar, hacer bromas por teléfono, tomar helados, hacer manualidades, cocinar con mamá, abrir paquetes de regalos, usar el perfume de mamá o hermanas mayores, disfrazarse, jugar a las barbies, las muñecas, el mago Chan, el cerebro mágico, las payanas, el elástico, el quemado, al fútbol en la calle, saltar a la soga, hacer piruetas en el trampolín de la pileta, hablar y escuchar abajo del agua, mirar a escondidas la gente que pasa por la vereda, armar un kiosco y vender chucherías, inventar, conocer otras casas y costumbres, reencontrarse con las compañeras el primer día de clases, preparar las cosas para ese día, ir a buscar al abuelo a la estación del tren, ir al Italpark (parque de diversiones) con mi abuela, escuchar poesía y palabrotas de la otra abuela, esperar alguna sorpresa de papá (bananita dolca) al regreso del trabajo, las muñecas de trapo que hacía mamá...., no sigo para no aburrir, pero la enumeración no concluye.
¡Cúanta dicha haber tenido una linda infancia! Nunca faltarán los bemoles (de todos los colores e intensidades), pero tener cosas buenas en las que apoyarse, hacen una buena base para el vuelo alto.
miércoles, 13 de enero de 2010
Trenes, ravioles y mitos
Anoche tuve el privilegio de charlar por teléfono con mi hermano menor que vive en Estados Unidos (lo extraño tanto...) Confesó que aún no se acomoda a las estaciones al revés, asunto ya dicho en este blog. Aún le parece raro que haga frío en enero, y a mí imaginármelo... En año nuevo viajó al desierto, donde nevó y en la noche del 31 se produjo el fenómeno de "blue moon" (prometo averiguar y compartir mejor qué es). Parece que la luna brillaba más que lo usual, la nitidez de la noche colaboraba y la imagen de la nieve iluminada por el reflejo de la luna era maravillosa.
Para variar viajamos en el tiempo y recordamos un alambre carril que papá le había construído adentro porque estuvo un mes en cama sin salir. Lo armó con piolines y cajitas de remedios (recordamos no sólo el nombre, también el espantoso sabor del jarabe). Pensamos ambos, que papá quizá disfrutó más que él del juego. Con el último hijo se permitió esos lujos: jugar y disfrutar, características que en su historia heredada no estarían bien vistas, pobre viejo. También recordó una manija que le mostraba papá y le decía que con eso iba a prender un juguete "que no tiene nombre". Lo escribo y escucho su voz grave, grandilocuente, adornando el lenguaje de expresividad.
Mi hermano hace tiempo viene construyendo una mini ciudad junto a su hijo, con la presencia de trenes y vías, su gra pasión. Descubrió que en el armado intenta alcanzar aquel juguete "que no tiene nombre", nos reímos y emocionamos mucho. También se ocupa de enriquecer la memoria mítica de su primogénito, llevándolo a conocer cuanto tren aparezca en el área. Rememora lo que él también recibió, amor por lo ferroviario.
Por último, los ravioles son más actuales. Fuimos con mis hijos a almorzar a lo de mamá. Fue un encuentro de lo más común, pero valoro tanto la posibilidad de cruzar generaciones, que ambas se escuchen, conozcan y aprendan.
Para variar viajamos en el tiempo y recordamos un alambre carril que papá le había construído adentro porque estuvo un mes en cama sin salir. Lo armó con piolines y cajitas de remedios (recordamos no sólo el nombre, también el espantoso sabor del jarabe). Pensamos ambos, que papá quizá disfrutó más que él del juego. Con el último hijo se permitió esos lujos: jugar y disfrutar, características que en su historia heredada no estarían bien vistas, pobre viejo. También recordó una manija que le mostraba papá y le decía que con eso iba a prender un juguete "que no tiene nombre". Lo escribo y escucho su voz grave, grandilocuente, adornando el lenguaje de expresividad.
Mi hermano hace tiempo viene construyendo una mini ciudad junto a su hijo, con la presencia de trenes y vías, su gra pasión. Descubrió que en el armado intenta alcanzar aquel juguete "que no tiene nombre", nos reímos y emocionamos mucho. También se ocupa de enriquecer la memoria mítica de su primogénito, llevándolo a conocer cuanto tren aparezca en el área. Rememora lo que él también recibió, amor por lo ferroviario.
Por último, los ravioles son más actuales. Fuimos con mis hijos a almorzar a lo de mamá. Fue un encuentro de lo más común, pero valoro tanto la posibilidad de cruzar generaciones, que ambas se escuchen, conozcan y aprendan.
Autoridad
Estuve por la mañana haciendo una nota a “la maestra del año”. El Polo Educativo Pilar y el Rotary Club local, implementaron un galardón para el docente que más se haya destacado. Cada colegio selecciona uno y compiten a través de trabajos de investigación, para obtener el premio. A la satisfacción de ser electo, se suma el trofeo: un viaje a Estados Unidos para conocer el sistema educativo y palpar la experiencia del norte en vivo y en directo.
Tuve el privilegio de ser atendida por M en su casa. La charla se desarrolló en medio de un ambiente familiar, con su hijita de cuatro años rondando por ahí. Típica hija única, muy estimulada por una madre de muchos intereses y celebrada en cada logro o adquisición. Mientras conversábamos, hizo dibujos varios, que nos regaló oportunamente. A medida que la entrevista crecía y el diálogo aumentaba en sustancia, la niña luchaba por no quedar fuera, utilizando un amplio arsenal de recursos para no perder (o retomar) el centro de atención. En algún punto, costaba un poco mantener el hilo del diálogo adulto. Yo aumentaba mis esfuerzos para terminar, pues la situación ya seguía ese curso y la niña reclamaba a su mamma. Con mi mayor capacidad de ternura, intentaba alejarla del medio mientras escribía. La madre no le llevaba mucho el apunte, estaba concentrada en el relato.
Hasta que colmó su paciencia, y con una voz casi más baja que la que utilizaba (que por cierto era más que suave y calma) le dijo BASTA. ¡Cuánta autoridad en esas palabras y mirada! La chiquita quedó dura, sin miedo, sólo con conciencia de haber pasado la raya. Ella sostuvo la mirada exigiendo reciprocidad de la niña y asunto TERMINADO. Inteligente, redobló la apuesta a través del cariño: besitos, upa y muchas más dignas de derretir a quien estuviera cerca.
Ya concluida la riquísima charla, me despedí sin dejar de admirar a esa mujer sencilla, flaquita y humilde. Sin ruido ni gesticulaciones, demostró ser un enorme referente. Yo lo testimonié en su casa, el comité evaluador lo reconoció en la escuela, veremos qué pasa cuando llegué a Estados Unidos.
Tuve el privilegio de ser atendida por M en su casa. La charla se desarrolló en medio de un ambiente familiar, con su hijita de cuatro años rondando por ahí. Típica hija única, muy estimulada por una madre de muchos intereses y celebrada en cada logro o adquisición. Mientras conversábamos, hizo dibujos varios, que nos regaló oportunamente. A medida que la entrevista crecía y el diálogo aumentaba en sustancia, la niña luchaba por no quedar fuera, utilizando un amplio arsenal de recursos para no perder (o retomar) el centro de atención. En algún punto, costaba un poco mantener el hilo del diálogo adulto. Yo aumentaba mis esfuerzos para terminar, pues la situación ya seguía ese curso y la niña reclamaba a su mamma. Con mi mayor capacidad de ternura, intentaba alejarla del medio mientras escribía. La madre no le llevaba mucho el apunte, estaba concentrada en el relato.
Hasta que colmó su paciencia, y con una voz casi más baja que la que utilizaba (que por cierto era más que suave y calma) le dijo BASTA. ¡Cuánta autoridad en esas palabras y mirada! La chiquita quedó dura, sin miedo, sólo con conciencia de haber pasado la raya. Ella sostuvo la mirada exigiendo reciprocidad de la niña y asunto TERMINADO. Inteligente, redobló la apuesta a través del cariño: besitos, upa y muchas más dignas de derretir a quien estuviera cerca.
Ya concluida la riquísima charla, me despedí sin dejar de admirar a esa mujer sencilla, flaquita y humilde. Sin ruido ni gesticulaciones, demostró ser un enorme referente. Yo lo testimonié en su casa, el comité evaluador lo reconoció en la escuela, veremos qué pasa cuando llegué a Estados Unidos.
Equilibrio
Hoy cuando caminaba intentaba hacer equilibrio por el cordón de la vereda. Quizá un poco grandulona para ese juego, era un placer imaginarme equilibrista usando los brazos como contrapeso del cuerpo que tiende a irse a un lado y al otro. Y no pude dejar de extrapolar el concepto de equilibrio en la vida, así como se me hacía difícil lograrlo hoy, reparé en que es una dificultad que se presenta en diversos ámbitos.
El gran tema que atravieso hoy se relaciona con la educación de mis hijos, a la edad que tienen han comenzado a hacer muchas cosas solos. Apunto a formar seres independientes, pero ¿hasta qué punto no soltarlos antes de tiempo? Me siento rodeada de padres sin la más mínima intención de soltarlos. Muy por el contario, escucho demasiado "pobrecito el nene", como si los chicos fueran vaya uno a saber qué. Unos seres indefensos, vulnerables y absolutamente dependientes. Es probable que haya una cuestión narcisista, de sentirse uno "imprescindible" y que ellos nada son o hacen sin nosotros.
Si de algo va la educaciónn es de humildad, asumir que uno es un simple guía circunstancial. Siendo padres, somos los primeros, los que sin duda alguna, dejaremos huellas. Trabajemos para que sea la mejor posible, que responda a convicciones, a puntos de vista formados frente a las cosas de este mundo (y del otro también, por qué no). Pero si la medida es "pobrecito el nene", los embates, planteos y desacuerdos que natural y sanamente nos harán, mepa que estamos fritos.
Armar un camino pensando solamente en el acuerdo, me parece que no lleva a un rumbo cierto, y menos aún si queremos establecer acuerdos con la infancia. Bueno, a mí se me empiezan a presentar incipientes ex infantes, niños formados en una actitud crítica y cuestionadora que comienzan a ejercer esa práctica en casa, con sus padres (mi marido y yo).
Me enorgullece que sean así, pero también asumo lo difícil que es, diálogos que ponen todo en jaque, básicamente la autoridad pater/materna. Es sano cuestionar, sino imprescindible. Pero nos hacemos absolutamente responsables de nuestras decisiones y elecciones a la hora de formarlos, los conducimos por donde creemos que es mejor. El acuerdo o no de ellos, aparecerá en el futuro, por ahora es casi todo desacuerdo, pues la norma es lo primero a combatir. En eso estamos.
Volviendo al título, si no me equivoco fue Juan Domingo quien dijo, "todo en su justa medida, armoniosamente y a su debido tiempo". Hoy pienso en esta bitácora, hasta dónde dejar andar a nuestros niños sin dejarlos demasiado sueltos, ni ajustados. Pero es aplicable a tantos aspectos...
El gran tema que atravieso hoy se relaciona con la educación de mis hijos, a la edad que tienen han comenzado a hacer muchas cosas solos. Apunto a formar seres independientes, pero ¿hasta qué punto no soltarlos antes de tiempo? Me siento rodeada de padres sin la más mínima intención de soltarlos. Muy por el contario, escucho demasiado "pobrecito el nene", como si los chicos fueran vaya uno a saber qué. Unos seres indefensos, vulnerables y absolutamente dependientes. Es probable que haya una cuestión narcisista, de sentirse uno "imprescindible" y que ellos nada son o hacen sin nosotros.
Si de algo va la educaciónn es de humildad, asumir que uno es un simple guía circunstancial. Siendo padres, somos los primeros, los que sin duda alguna, dejaremos huellas. Trabajemos para que sea la mejor posible, que responda a convicciones, a puntos de vista formados frente a las cosas de este mundo (y del otro también, por qué no). Pero si la medida es "pobrecito el nene", los embates, planteos y desacuerdos que natural y sanamente nos harán, mepa que estamos fritos.
Armar un camino pensando solamente en el acuerdo, me parece que no lleva a un rumbo cierto, y menos aún si queremos establecer acuerdos con la infancia. Bueno, a mí se me empiezan a presentar incipientes ex infantes, niños formados en una actitud crítica y cuestionadora que comienzan a ejercer esa práctica en casa, con sus padres (mi marido y yo).
Me enorgullece que sean así, pero también asumo lo difícil que es, diálogos que ponen todo en jaque, básicamente la autoridad pater/materna. Es sano cuestionar, sino imprescindible. Pero nos hacemos absolutamente responsables de nuestras decisiones y elecciones a la hora de formarlos, los conducimos por donde creemos que es mejor. El acuerdo o no de ellos, aparecerá en el futuro, por ahora es casi todo desacuerdo, pues la norma es lo primero a combatir. En eso estamos.
Volviendo al título, si no me equivoco fue Juan Domingo quien dijo, "todo en su justa medida, armoniosamente y a su debido tiempo". Hoy pienso en esta bitácora, hasta dónde dejar andar a nuestros niños sin dejarlos demasiado sueltos, ni ajustados. Pero es aplicable a tantos aspectos...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)