lunes, 14 de marzo de 2011

Del sol que castiga al que abriga

Hemos padecido en Buenos Aires una semana que quemó, sí literalmente incendiaria. No sólo elevadas temperaturas, sino el condimento de la llanura Pampeana: altísimo porcentaje de humedad. La palabra aplastante no alcanza, jornadas agotadoras. Al anochecer del viernes empezó a moverse el aire hasta llegar a un gran viento. Acá en Pilar se cortaba la luz y volvía permanentemente. A la noche fui a una reunión y éramos varios alrededor de una mesa iluminada por dos velas, sensación más que interesante. El fenómeno más extraño se daba al salir de la casa, el resplandor del cielo (luna nueva y algo nublado) iluminaba bastante y pese a la oscuridad total, al aire libre se veía bastante.
Habituados a vivir con todo el confort (a veces cayendo en la peligrosa trampa de considerarlo natural, y no valorando cada paso y avance de la humanidad) me gustó la experiencia. A la tarde una vecina con los ojos dilatados del calor, me contó que durante la tarde pasó lo que dije con la electricidad, nada de aire acondicionado. El caso es que el sábado vino la lluvia anunciada durante toda la semana, calculo que por los acertados vaticinios del servicio meteorológico y la imperiosa necesidad de los derretidos ciudadanos. No fue tan intensa como ventosa, parecían vientos huracanados. Con ellos vino el FRESCO.
Ayer la temperatura bajó hasta los 9° C y el viernes la térmica pasó los 35°. Considero esta la mejor síntesis del ser argentino. Esta capacidad de adaptación a semejante cambio, hace nuestra visión, cultura, idiosincrasia.
¡Ah! Con todo, AMO SER ARGENTINA.

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