domingo, 24 de marzo de 2013

Lágrimas

Ayer al mediodía llevé a mi hija a una fiesta de quince. Es la primera que no se hace de noche, hasta ahora todas fueron alrededor de las 21 hasta las 5 o 6 de la mañana siguiente. El lugar donde se hizo es la Asociación Argentina de Polo, bellísimo edificio de la Belle Epoque (con materiales traídos de Europa como se estilaba a fines del siglo XIX en nuestra patria que históricamente veía lo mejor lejos de sus pródigas tierras). Al igual que otro lindísimo edificio que hay aquí en Pilar, me produce mucha nostalgia ver algunas baldosas del piso porque tienen el mismo diseño que el del colegio al que asistí de niña. O las partidas venían en el mismo barco, o coincidieron las fechas con las compras para estas construcciones que están a más de 40 km. de distancia.



Vuelvo a la fiesta, era como ingresar a otra época, la construcción, elegancia por doquier y esa cosa mágica del tiempo que nos permite irnos y volver con sólo inspirar o exhalar. Llegué a la mesa donde estaban los padres para saludar y la madre me pidió que me quede para ver "entrar" a su hija. Lo hizo bajando una majestuoso escalera con un vals de fondo y el padre la esperaba a bajo para compartir la pieza. Sin duda ensayaron el baile porque salió impecable, con vueltitas, manos en alto y una cuasi coreografía de dos. Luego se sumó la madre y un joven que bailó con la quinceañera.

Si bien mi hija fue a varias fiestas de este tipo, es la primera en la que me quedé a ver este rimbombante ingreso. Sí estuve con mi familia en las de dos hijas de un amigo, pero realmente no tengo hábito de tamaños festejos. Es todo un tema que he conversado tanto con mi hija, porque se ha impuesto "fiesta o viaje", como si los quince años estuvieran signados por esta obligación. Depende los grupos (y me animo a decir a clase social, pues en algunos sectores no está muy bien visto este nivel de celebración).
Más allá de las legítimas costumbres, tradiciones e hitos, en lo personal, me parce que este tipo de fanfarria puede colaborar en la desubicación de las "señoritas": tal es el esfuerzo que se realiza, la preparación y organización que pareciera que cumplir quince años es..., no me animo a definir. Sí puedo interpretar tanto que circunda a estas exhibiciones, porque al final no dejan de ser eso. Desde el poderío económico, pasando por la capacidad organizativa, hasta la originalidad de contratar algo que nadie conocía. Ya van dos  a las que fueron presentadores, tipo stand up, que hacen humoradas subidas de tono. Entiendo que son más para los adultos que para las amigas de la homenajeada, entonces ¿la fiesta es el "deseo" de la niña? Mm... Ayer mi hija me dijo que se sintió incómoda y definitivamente no le gustaron ciertos chistes referidos al sexo que nada tienen que ver con la edad que transitan. Más allá del malestar o no de mi niña, pienso en los destinatarios reales de esas exposiciones.
Tanto preámbulo para llegar a las lágrimas, cuando la niña se puso a bailar y la mamá, que estaba al lado mío lagrimeó, no pude menos que acompañar con la emoción. Conozco hace mucho a esta familia y se del enorme esfuerzo que esta mujer hace e hizo para cuidar y educar a su niña. Muchos años solas ellas dos, y no se desde cuándo, el "hombre" que la acompaña que también ejerce de padre de la quinceañera, por más de no serlo científicamente. Entonces toda esa síntesis ahí, con música y madre conmovida hizo que nuestras mejillas alojen densas gotas.
Ya en la tarde asistí a una misa en memoria de mi hermano que murió hace un mes. Ahí las lágrimas corrieron en caudales todo a mi alrededor y me sorprendió cuán variados son los motivos de este sentimiento. Es sabido que se llora de risa, emoción, tristeza, pena, indignación y tantos etcétera como personas sean las que lloren. Pero me impactó mucho tanto extremo en una sola jornada.

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