jueves, 25 de febrero de 2010

Cieguita acompañada

Hace unos ocho años aprecié cómo una madre ciega llevaba a su chiquito a clases de inglés. Sin duda conmovía, cada vez que la veía agradecía íntimamente poder ver. El hijo parecía displicente con ella, como si tal cosa. Desde mi ignorancia pretendía que la atendiese como a una reina, que la cuide, la acompañe, que tantas cosas. Pero no veía yo, que sólo tenía seis o siete años, y para él era su mamá que lo cuidaba. Dejé de verlos hasta hoy.
Al cruzar una calle disfrutando el sol benévolo de mañana fresca, veo venir a una mujer con anteojos negros y bastón. A su lado un hombre la acompañaba. "Miré" mejor y reconocí a aquel niño que se dejaba ahijar por su madre ciega. Qué protector, cuánto amor acompañando a su mamá. Qué ciega estaba yo en aquella oportunidad, por suerte Dios me dió vida para aprender que la que no veía entonces era yo. Ese joven hoy me abrió los ojos, gracias.

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