viernes, 12 de febrero de 2010

Pescar con red

Caminaba mansamente la otra tarde por la playa, y encontré a una pareja joven pescando. Varios chicos los esperaban en la costa mientras ingresaban al agua sosteniendo una red como de tenis, menos ancha. En cada extremo un palo que permite tenerla extendida. Así superan la rompiente y se introducen hasta que el agua les llega más abajo que las axilas.
Ahí el hombre empezó a girar y ella hacía de eje. De este modo arrastran los peces que se cruzan por ese pedacito y es sorprendente la cantidad que obtienen. Algunas veces salen con más cangrejos que otra cosa, y cuando hay suerte la llenan de cornalitos, pejerreyes y anchoas. A mi hija le gusta mucho verlos y sobre todo pedirles algun tesoro marino. A tal punto, que en una oportunidad compramos un kilo (sin balanza, son cuatro manojos) al atardecer. A la noche los freímos, ni siquiera necesitó frío de la heladera. Salieron muy ricos, pero costó un par de días sacar el olor a pescado de la casa: o soy muy sensible o es impresionante cómo se impregna.
Pienso que ese método de pesca se utilizará desde tiempos inmemoriales, me traía reminiscencias de pasajes bíblicos, de la costa de diversos mares del mundo. No creo que ese grupo haya pensado estas elucubraciones, pero pescar, pescaban. Quizá el alimento de esa noche. Admiré la naturalidad con la que se vinculaban con el mar y su entorno. Ella andaba semi vestida, con la remera entraba al mar.
Imaginé que hace no mucho, esos jóvenes eran los más pequeños que esperaban a sus padres en la costa.

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