domingo, 8 de noviembre de 2009

Hábitos y costumbres

En una corrida matinal, compraba fruta y verdura antes de empezar a dar clases. Me gusta elegirla personalmente, ver qué está bueno para nutrir como corresponde a mi familia. Además es un modo de educar a la prole, no sólo en la buena alimentación, también culturalmente: que sepan qué comen, cuál es el origen, características de la cocción, si es tradición de la familia o costumbre adquirida recientemente, etc. Cuando puedo preparo mandioca, característica de la zona de los guaraníes que la utilizaban mucho. Hoy conseguimos el tubérculo en las verdulerías y el almidón, harina o tapioca en las dietéticas. Es nutritivo y no está muy divulgado su consumo en esta zona.
El caso, es que durante toda la compra, la pequeña hija de la mujer boliviana que me vendía, se mantuvo sentadita en una mesa alargada. Me llamó la atención su quietud que comenté con quien supuse su madre. Mis tres hijos, creo que jamás permanecieron así quietecitos por tanto tiempo en un lugar que yo considero peligroso, pierden la estabilidad y se caen al piso desde una altura considerable. La chiquita en cuestión, con rasgos absolutamente coyas, incluso se paró para agarrar unos ajos que eran sus juguetes. Los colocaba de a uno por vez, en los huecos de un Maple (cartón donde se colocan 30 huevos) vacío. Me llamó la atención su habilidad motriz para la corta edad. No tanto como que estuviera ahí, en un lugar “para mi entender” peligroso. Justamente por eso, evité siempre que mis hijos estuvieran en esa situación.
No creo que la niña se haya caído, ni tampoco otras tantas que son criadas dentro de una cultura similar. ¿Qué será? Que las madres no son tan movedizas como otras y los chicos incorporan/maman esa tranquilidad?
(Me voy a buscar a mi hija, casi tan movediza como yo, y vuelvo para seguir formulando preguntas que invito a que alguien las responda).
No sé si tranquilidad es la palabra, pues el movimiento no significa nervios, sería el opuesto de quietud…, movimiento justamente. Se podría analizar qué trae aparejado uno y otro, calma o hiper actividad. Considero que la cultura actual está inserta en los segundo, son tantas las cosas por hacer, y tantas que quedan afuera de una ambición desmedida por “hacer”. Ahora sí opongo a esto el “saber”. La mujer de la verdulería no se inmutaba de la chiquita en alturas ¿Porque no sabe el peligro que corre? ¿El alcance que puede tener una caída desde ahí? ¿Se caerán? No sé si mi apreciación inicial es acertada o no, quizá se produzcan muchos accidentes por esto. Sinceramente lo dudo, me quedo más con que los chiquitos tienden a perpetuar conductas, a imitar lo que ven.

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