domingo, 8 de noviembre de 2009

Noches mágicas

Salir de noche tiene un encanto especial, quedarse en casa también. Quizá sea la edad, pero disfruto tanto de estar en mi cuchita…, con mis cosas y queridos. Sin embargo, cuando “tengo” que salir (buscar a alguien, hacer alguna cuestión impostergable, etc.) siento un encanto particular al transitar las mismas calles con luz artificial, hasta la gente me parece distinta. Un colectivero que trabaja de noche lo hace mucho más relajado que el del día. La gran mayoría terminó con los horarios locos de la jornada y tienen un andar diferente, más cansino.
Cuesta arrancar, pero una vez circulando, todo se ve distinto. Y mejor aún si la salida es a pie, caminar de noche es maravilloso. Mirar el cielo y sentirse protegido por esa estela infinita de pequeños resplandores…. Cambian más aún los sonidos: ranitas, grillos y algún que otro murciélago. Pero lo más de lo más de noche, es andar en bicicleta. Nunca voy a olvidar cuando me regalaron una y la recibí de noche. No podía aguantar al otro día, quería probarla ahí mismo.
Entonces quien me hizo el regalo, calculo que emocionado por mi enorme alegría, me acompañó. El me seguía, iluminando el camino con las luces del auto. Hoy lo sigue haciendo con una luz que viene de más lejos, pero ofrece más claridad.
Gracias Papá.

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