miércoles, 21 de octubre de 2009

Luces (faros y fuegos)

Hoy estuve en clase con chicos de 2º (13 y 14 años), y se trabajó la importancia de los faros. En grupos expusieron a partir de un texto teórico, las implicancias, alcance y significado del "farero". Abrieron la clase con un mito que cuenta el origen del verano, siguieron con la importancia del cálculo de la hora, explicando qué es un reloj atómico. Luego le tocó el turno a la vedette de la clase de hoy, los faros. Sólo nos faltaron fotos de varios de ellos para acompañar el gran clima que se generó. La lluvia incesante quizá ayudó a que todos imaginemos cómo será estar mar adentro sin grandes referencias, y la sensación de ver en lontananza la luz de un faro.
Cómo cambia la visión del mundo, en ese caso de una situación límite, encontrar una luz-guía. Es un antes y un después, de estar perdido y quizá sin esperanza, a encontrar un referente para seguir. Sobre el final se hizo una metáfora de los faros que encontramos en el recorrido de los días. Ahí me acordé de Eduardo Galeano y su explicación de "El mundo":
"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
- El mundo es eso- reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende".

Qué bueno cuando aparecen estos, recomiendo buscarlos.
Galeano, Eduardo. "El libro de los abrazos", Buenos Aires, 1989. Catálogos Editora.

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