viernes, 15 de enero de 2010

¿Cómo termina?

Cuando una película empieza mal, es muy raro que termine bien, salvo honrosas excepciones, en las que la paciencia se premia con una gran sorpresa. ¿Y en la vida? ¿Cómo sigue cuando empieza mal? Si es solitaria, desnutrida, olvidada, vulnerada, postergada, abusada, quebrada, enferma, injusta, húmeda, triste, abusada, amarga, carente de estímulo, pasión, AMOR, ¿Cómo sigue? Cuando un bebé nace en un ámbito de los mencionados, ¿Qué puede hacer para revertir ese destino de horror? ¿Podrá? Con inteligencia hoy alguien preguntaba si la pobreza absoluta es fruto de una decisión libre o la consecuencia de otra cosa. Si la persona en cuestión desaprovechó oportundiades o nunca las tuvo. Creo que las posibles respuestas nos ubican en un lugar u otro del arco de las ideas.
Evocación de la infancia
Manchas verdes de pasto en la rodilla del pantalón, caramelos y chupetines, pic nic en el techo de los vecinos, caminar por las paredes que dividen los jardines, tirar cosas desde la terraza, entrar a jardines ajenos por la noche, conocer casas abandonadas, rin raje, pactos de sangre, secretos secretísimos, alegrías mágicas, sorpresas de otro mundo, sueños y fantasías, impunidad total de palabras y acciones, esperar el besito en la cama antes de dormir, saber a quien recurrir ante el miedo, desprejuicio total, diversión asegurada, andar en bici, investigar y explorar, hacer bromas por teléfono, tomar helados, hacer manualidades, cocinar con mamá, abrir paquetes de regalos, usar el perfume de mamá o hermanas mayores, disfrazarse, jugar a las barbies, las muñecas, el mago Chan, el cerebro mágico, las payanas, el elástico, el quemado, al fútbol en la calle, saltar a la soga, hacer piruetas en el trampolín de la pileta, hablar y escuchar abajo del agua, mirar a escondidas la gente que pasa por la vereda, armar un kiosco y vender chucherías, inventar, conocer otras casas y costumbres, reencontrarse con las compañeras el primer día de clases, preparar las cosas para ese día, ir a buscar al abuelo a la estación del tren, ir al Italpark (parque de diversiones) con mi abuela, escuchar poesía y palabrotas de la otra abuela, esperar alguna sorpresa de papá (bananita dolca) al regreso del trabajo, las muñecas de trapo que hacía mamá...., no sigo para no aburrir, pero la enumeración no concluye.
¡Cúanta dicha haber tenido una linda infancia! Nunca faltarán los bemoles (de todos los colores e intensidades), pero tener cosas buenas en las que apoyarse, hacen una buena base para el vuelo alto.

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